Andrés Sanfuentes

Algunas causas y consecuencias de la desigualdad

Andrés Sanfuentes Ingeniero comercial Universidad de Chile. Miembro del directorio del Centro de Estudios del Desarrollo

Por: Andrés Sanfuentes | Publicado: Miércoles 2 de marzo de 2016 a las 04:00 hrs.
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Andrés Sanfuentes

La situación económica de Chile se caracteriza por la mediocridad; no está en crisis, pero tampoco avanza, situación que no proviene solo del bajo precio del cobre. El progreso del país ha ido entrando en una fase cada vez más desalentadora. La recuperación es difícil, cuando las causas son de largo plazo y acumulativas.

Ha existido liviandad para sincerar las reales dificultades que se enfrentan y más bien se dilatan. Un buen ejemplo es el creciente problema mapuche centrado en la Araucanía. Entre los rasgos más serios que persisten en la sociedad está la desigualdad existente. Los usuales indicadores para medir las distribución de los ingresos (Gini e índice Palma) denotan que Chile es uno de los países con peor resultado. Sin embargo, la desigualdad no está radicada solamente en los ingresos. El conjunto y cada uno de sus indicadores sociales muestran profundas inequidades, desde la educación, pasando por la salud, hasta la localización geográfica de la población urbana y el trato con los inmigrantes. Es una sociedad que se caracteriza por la inequidad, los abusos, el clasismo, el machismo y la xenofobia.

El origen de esta situación es complejo y obedece a diferentes causas, como siempre ocurre en los procesos acumulativos y en que los factores se autorefuerzan. Se pueden mencionar algunos de índole económica:

a) El pensamiento neoliberal constituye la ideología imperante (“el modelo”) en la sociedad, lo cual refuerza, sin contrapesos, el individualismo y el egoísmo, fundamentos para la motivación personal y empresarial, donde los mercados guían las decisiones de los individuos y el Estado solo podría distorsionarlas.

b) La extrema concentración de los mercados. En los comienzos de la apertura al exterior, se justificó en la necesidad de tener algunas grandes empresas para competir internacionalmente. Sin embargo, se mantuvo la ausencia de una política regulatoria de la competencia y hasta hace muy poco imperaba la ley del más fuerte, con el desplazamiento de los con menor tamaño. Se suma la ausencia de políticas que fomenten el sector de las Pymes. Esta ha sido una falencia grave.

c) Un sistema tributario que permitió en forma tradicional que los sectores de más altas rentas evadieran o eludieran el pago de impuestos progresivos, bajo el pretexto que había que fomentar el ahorro y la inversión empresarial. Sus símbolos fueron el FUT, el tratamiento a las sociedades financieras, las ganancias de capital y a las grandes empresas mineras. La Reforma Tributaria, a pesar de todas sus fallas, marca el inicio de una tributación más equitativa.

d) La debilidad del sistema normativo que rige el comportamiento empresarial, imbuido en el temor a controlar las acciones impropias. Esta situación implícitamente fomenta a las iniciativas de corto plazo, las inversiones “de pasada”, en vez de las actividades realmente emprendedoras e innovadoras, que crean capital y no meras transferencias de riqueza que no suman valor agregado. Los comportamientos alejados de la ética, revelados en los últimos años, indican la necesidad de reformas profundas que se requieren en las superintendencias regulatorias, la normativa jurídica y la acción de los tribunales, aparte de un cambio profundo en las entidades gremiales empresariales.

e) El desequilibrio existente entre el poder de los empresarios y de los trabajadores al interior de las empresas, a lo cual se agrega las desigualdad de los recursos de los grandes vendedores frente a los consumidores, fuente de muchos abusos, que cada vez aparecen con más fuerza. Los avances ocurridos en esta materia son insuficientes.

El tema de la desigualdad es importante porque no solo tiene efectos en la economía, en especial en el crecimiento, sino afecta la democracia y la convivencia social. Por lo tanto, afecta a todos.

Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía en 2001, ha señalado que “los ricos no existen en un vacío. Necesitan a su alrededor una sociedad funcional que sostenga su posición”.

¿Qué hacer? Sugerencias en una próxima columna.

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